Asertividad y Conflicto: manejarse entre la lucha y la huida​

Es importante aprender a manejarse con cierta soltura durante una discusión.

Después de una confrontación tendemos a valorar nuestra actuación con pensamientos desde “estuve en mi sitio, no me amilané…” hasta “me faltó valor, no supe expresarme … “

Sea como fuere componemos parte de nuestra autoestima con la valoración de cómo nos manejamos ante el conflicto.

Las personas confrontativas se sienten cómodas en el conflicto, y necesitan aprender habilidades de conciliación y contención. Sin embargo, la mayoría de gente necesita aprender pautas para responder con firmeza y asertividad ante una discusión.

Aprender a gestionar situaciones no es otra cosa que aprender a manejar las emociones que emergen ante las mismas.

Mejoramos nuestra seguridad personal con inteligencia emocional. No se trata de imitar, fingir o incorporar agresividad o fuerza bruta a nuestro comportamiento, sino de tratarnos a nosotros mismos con el respeto que merecemos.

¿qué emociones y sentimientos surgen durante el conflicto?

  1. Orgullo y sus derivados como deseo de poder, competitividad, prepotencia, deseo de humillar al oponente, necesidad de decir la última palabra, sentimiento paternalista con al adversario etc y en última instancia: miedo a perder la supremacía sobre el otro.

  1. el orgullo es el deseo de dominacion sobre el otro

    El orgullo es responsable de muchos conflictos sin resolver

    Miedo a ser humillado: y sus derivado como huir, evitar, o amilanarse, a veces incluso por miedo a la agresividad de uno mismo (temo a que se despierte la fiera que llevo dentro…).

Para gestionar estos sentimientos conviene atender situaciones y necesidades emocionales tales como

  • Necesidad de identificar emociones y reconocer sentimientos para poder evolucionar a pesar de ellos.
  • Aprender a aceptar mi orgullo, para identificar el enorme e incluso desproporcionado esfuerzo que hago para quedar por encima del que veo como un oponente.
  •  Aceptación de mi miedo, para poder mirarlo y dar pequeños pasos para enfrentarme a él.
  • Tomar conciencia de cómo evito dar la cara, para identificar las múltiples excusas que me doy para evitar ocuparme de mí mismo “me dio pereza, paso de ella, no merece la pena … etc”
  • Es importante ver cómo escapo de situaciones cuando la huida entraña una falta de compromiso conmigo mismo.
  • Reconocer que nadie, ni siquiera yo mismo estoy en posesión de la verdad. Toda realidad se vive con un filtro subjetivo.
  • Aceptar que hay tantas escalas de prioridades como personas.
  • Necesito darme cuenta de los esfuerzos que hago para mantenerme en la misma pauta de comportamiento ante una confrontación, para conseguir redirigirlo en otro sentido mas auténtico y respetuoso con mi dignidad. Con ello ganaría madurez y versatilidad además de una gran satisfacción personal.

No se trata de dar grandes zancadas, sino de dar pequeños y al principio titubeantes pasos en mi evolución personal hacia el compromiso conmigo mismo.

Si crees que no puedes, solo te puedo garantizar que si lo intentas te sorprenderán los resultados.

 

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