Lo que subyace a tu libertad para tomar decisiones vitales

Hace ya varias décadas que nuestra sociedad vive una nueva era: la era de la libertad. Así, podemos elegir nuestra profesión, el tipo de familia que queremos fundar, el lugar de residendia, nuestros amigos, incluso tenemos la libertad de replantearnos nuestra orientación sexual o identidad de género.

Sin embargo hace unas cuantas generaciones, esto no era así, ya que el ser humano normalmente elegía su profesión, se casaba o era padre guiado por dictámenes sociales, económicos, familiares o simplemente por su condición de género (ser hombre o mujer), además de las limitaciones de la naturaleza claro está. Digamos que muchas acciones que hoy se deciden libremente, entonces no eran opciones de vida sino que las circunstancias, decidían por ti, para bien y para mal.

Obviamente muchos de vosotros pensaréis: “es mucho mejor ahora, que podemos elegir” y estoy plenamente de acuerdo, sin embargo eso conlleva un precio emocional, que nadie nos ha explicado cómo afrontar: experimentar un sinfín de ambivalencias emocionales y contradicciones internas que muchas veces nos generan ansiedad.

gestionar la amibvalencia emocional para madurar emocionalmente

Una misma situción nos puede generar tristeza y alegría

Somos libres para elegir, y nadie nos ha educado para manejar las emociones que emergen bajo esa libertad. Por ello generalmente cuando tomamos decisiones importantes, como por ejemplo: cambiar de estilo de vida, ser padres, casarnos… es normal que emerjan multitud de emociones de todo tipo, muchos de ellas contrapuestas. Ante esto, algunas personas calman su mente para discernir hacia dónde se inclina su decisión y seguir su ruta, mientras la mayoría, a pesar de continuar con su plan, interiormente continúan inemersos en un mar de dudas y miedos, y para colmo, suelen compararse con aquellos que aparentemente tomaron sin titubear esta decisión que ahora a ellos les ocupa emocionalmente.

Por ejemplo podemos cambiar radicalmente de profesión siguiendo una profunda vocación, y sin embargo vivir una crisis vocacional en el momento más inesperado, o desear ser padres y al mismo tiempo experimentar multitud de sentimientos encontrados hacia nuestro futuro hijo o incluso nuestra pareja.

Y es que así es la vida, y así son nuestras emociones y nuestras decisiones: somos libres exteriormente y a la vez estamos sometidos a nuestras dudas internas.

Hay veces que nos paraliza la idea de no saber el resultado de nuestas decisiones, o no tener la garantía de que nuestros proyectos van a salir como esperamos, así como el miedo a fracasar. Ante esto, lo importante no es tanto prever un futuro error (aunque es importante aprender a reflexionar y calmar los impulsos), como saber recuperarse y aprender del mismo, al fin y al cabo el aprendizaje conlleva errores, por mucho que duelan.

Si estás esperando a que lleegue el momento perfecto, en que no tengas miedo o dudas, el momento en que el futuro esté garantizado, entonces nunca harás nada, porque ese momento simplemente no existe.

Muchas personas han aprendido avanzar a pesar de sus dudas y sus miedos y …

Déjame que te cuente lo bueno de vivir con este tipo de tribulaciones:

  1. Que eres humano y no reprimes tu vulnerabilidad ni tus emociones, y por tanto te aceptas tal y como eres. Eso te hace más libre y auténtico.
  2. Que eres consciente de la libertad que tienes para tomar tus decisiones y por tanto maduro para entender que tú eres el responsable de tu vida. Y recuerda no es lo mismo responsabilidad que culpa.
  3. Que “no existen los sentimientos puros”, por ello una situación nueva en tu vida te puede generar tanto emociones de encuentro como de huida, y esto es algo natural en la vida, acostumbrarse a ello es la base de la felicidad.

Seguro que mientras lees esto te viene a la mente gente absolutamente decidida y firme que no dudaron en elegir el modo y manera de vivir: cuándo casarse, dónde vivir, dónde trabajar, entre otras cosas, y seguramente no te falte razón, pero déjame que te diga que cuanto más firmes y absolutas sean esas decisiones más probable es que estén compensando otras áreas de sus vidas más difusas o menos resueltas, o sencillamente es la única manera en la que saben que serán capaces de afrontar sus decisiones: refugiándose en la auto-reafirmación, (no vaya a ser que se despierte el gigante de la duda).

Elegir significa renunciar y soltar viejos apegos, además de la posibilidad de errar en nuestra decisión. Detrás de cada decisión hay un placer y un dolor implícito.

Emociones contradictorias nos acompañan en la madurez emocional

Aprender a manejar la ambivalencia emocional es necesario para adaptarnos a vivir en esta sociedad

Aún así, no nos queda otra, pues la opción de no poder elegir, no nos encaja de ninguna de las maneras. Por tanto es fundamental, reeducar nuestra psique y nuestro comportamiento a tolerar la ambigüedad emocional, pues nos acompañará durante toda nuestra vida.

No te pelees contigo mismo, acepta y transita tus dudas, tus miedos, tu inseguridad, tu vergüenza, tu culpa, te acompañarán casi siempre que tomes una decisión vital, y si a día de hoy sientes que estas emociones te paralizan, pide ayuda, para eso estamos, ya que esta sociedad no nos ha educado emocionalmente para manejarnos en la libertad que nos ofrece, estás en tu derecho de buscar apoyo para amoldarte a ella.

2 Respuestas a “Lo que subyace a tu libertad para tomar decisiones vitales

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