Manejarnos entre la aceptación y la resignación para tolerar la frustración

Muchas veces nos sentimos frustrados porque hay algo en nuestra vida que no se corresponde con nuestros deseos o expectativas, como un éxito que nunca llega o un dolor que no cesa.

Por un lado, podemos enfrentarnos a esta situación con actitudes poco saludables, como revelarnos contra la realidad, no aceptarla, quedarnos instalados en el enfado o la queja perpetua, es decir negar la realidad.

En otras palabras estamos hablando de tener baja tolerancia a la frustración.

En el otro polo, nuestra actitud puede ser excesivamente conformista, de abdicación absoluta, quedarnos inmóviles, sentirnos indefensos e incapaces de resolver la situación que nos perturba, estamos resignados ante la realidad.

Entre ambos polos de comportamiento está la actitud de aceptación de la realidad, sin resignarnos ni negarnos a ella. Es un comportamiento dinámico (al contrario que la negación o la resignación, que son paralizantes), pues nos decimos a nosotros mismos: “trata de aceptar la situación sin dejar de luchar para mejorarla, persevera en tus sueños, trabaja, esfuérzate, sé constante en lo que emprendes sin desesperar, no mires resultados inmediatos, todo llegará,  y mientras no llega, al menos tienes el honor de ser el actor de tu vida, y no un mero espectador…”

trabajar la tolerancia a la frustración

              ¿Ves la diferencia?

Generalmente, aceptar una situación perturbadora, significa reconocerla, e integrarla en nuestra vida, a la vez que ponemos todo lo que está en nuestra mano para que evolucione.

Esta actitud nos hace más tolerantes a la frustración.

La resignación es una actitud paralizante, la aceptación implica movimiento, la resignación es morir, la aceptación es vivir.

Vayamos con un ejemplo de lo más común:

Estoy en un puesto de trabajo que no me agrada, con ambiente laboral tóxico, y a día de hoy, tengo muy pocas posibilidades de encontrar algo mejor.

Tres actitudes posibles

  • Negación (o rebeldía): me instalo en el enfado y la queja continua,  “qué injusto”, “qué hecho yo para merecer esto”, “por qué yo”, “es que no me sale nada bien”… etc.
  • Resignación: “aquí me quedaré toda la vida”, “estoy a un paso de la depresión”, “la vida es así de dura” “estoy amargado y cada vez lo voy a estar más”… etc.
  • Aceptación: “A día de hoy es lo que hay, las cosas están muy complicadas, aún así pienso seguir formándome y buscando algo mejor, las cosas no van a ser así eternamente, desde luego si me quedo quieto es cuando no voy a poder evolucionar, y mientras tanto no me queda otra que aceptar que esto es lo que hay, e intentar que me perturbe lo menos posible”.

Y tú ¿con qué postura te identificas más? ¿Rebelde? ¿Resignado?  ¿Ecuánime que acepta lo que hay sin dejar de poner de su parte para cambiar las circunstancias?

Quizá tus palabras puedan ayudar a otros.

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