Cuando el aburrimiento produce estrés

¿A cuántos de vosotros os suena este breve diálogo?

A: “me aburro”

B: “pues cómprate un burro”

Los niños que crecimos en los 60, 70 u 80 desarrollamos casi cero ansiedad al aburrimiento, pues nuestros padres no sentían estrés ante la imposibilidad de estimularnos 24 horas al día. Cierto es que a veces se cometían excesos de desatención, y muchos de esos niños crecieron sin un “te quiero” o un abrazo a tiempo, pero ese sería otro tema. El caso es que estos niños, gracias al aburrimiento ocasional y a un ambiente estimular moderado se vieron motivados a desarrollar una poderosa herramienta para adaptarse a los cambios de la vida: la creatividad.

Del mismo modo que es necesario el fracaso para poder aprender, también es necesario, a veces, un poco de aburrimiento para que nuestra mente por sí misma se mueva, genere nuevas ideas y se reinvente.

El aburrimiento tiene una inmerecida mala fama fomentada por la sociedad consumista, en la que aburrirse sencillamente está mal visto, por ello muchas personas han perdido la tolerancia al mismo. No soportamos tener tiempos muertos y, antes de que esto suceda, ponemos la tele, nos conectamos a Internet o jugamos con el smartphone.

El aburrimiento ayuda al IngenioTolerar el aburrimiento no es más que “el arte de estar contigo mismo”, algo que en su justa medida es necesario para un crecimiento personal flexible, ya que se trata de un recurso adaptativo para el cambio que no deberíamos inhibir. Recuerda que Darwin definió la inteligencia como la capacidad de un organismo para adaptarse a los cambios ambientales.

Los riesgos de sentir ansiedad ante el aburrimiento pueden ser:

Al no ser una sensación agradable, si no sabemos manejar el aburrimiento, incrementamos el riesgo hacer cualquier cosa con tal de evitarlo, como el consumo de sustancias o juego, sexo compulsivo, enganches a las redes sociales, excesos de comida, compras desmesuradas, gusto excesivo por el riesgo etc. No es algo que tenga que suceder sí o sí, pero detrás de esos comportamientos suele haber cierta ansiedad hacia la quietud.

¿toleran tus hijos el aburrimiento?

Enseña a tu hijo a transitar el aburrimiento un poquito, sin miedo, para ello necesita de un modelo en quien fijarse, nadie mejor que tú mismo, no te asustes por permitirte un poco de desgana, cuando menos lo esperes se te ocurrirá algo creativo que hacer.

Y si eres una de esas personas “intolerante al aburrimiento” y te has propuesto dejar de serlo, te doy algunas pautas para lanzarte a la experiencia de “no hacer nada”:

  • Empieza por espacios cortos de tiempo (un ratito nada más) de “no hacer nada”.
  • Hazlo en ambientes familiares y tranquilos.
  • Apóyate en técnicas de relajación si fuera necesario.
  • Tómatelo con calma, lo importante no es el resultado, el mismo hecho de intentarlo ya es un logro!.
  • Compártelo con otras personas: el hecho de encontrar gente como tú te ayudara a sobrellevarlo mejor, y sobre todo a:
  • Echarle humor, ríete de ti mismo cuando lo intentes. El humor desdramatiza y nos sirve de apoyo.

Déjame que te cuente una historia real sobre una niña que supo manejar su aburrimiento productivamente:

R. A era una niña con poco apetito, de esas que temían la hora de la comida, pues nunca tenía hambre, lo cual para sus padres era un sinvivir. Las comidas se eternizaban, mientras su madre se desesperaba. Obviamente esta niña estaba llamando la atención de sus padres, pero ni ella tenía edad suficiente para ser consciente de ello ni sus padres capacidad de entenderlo.

Una de tantas tardes, R. A. estaba en su casa, había terminado sus deberes, y su mejor amiga no vino a visitarla, no había dibujos en la tele, (eran los años 80) y no le apetecía jugar con los juguetes de siempre así que empezó a sentirse aburrida, de repente se le ocurrió hacer algo que nunca había hecho hasta ahora: se preparó un bocadillo de queso! cortó cada una de las lonchas cuidadosamente, les quitó la corteza, abrió el pan y se comió el bocadillo saboreando cada bocado y sintió cómo se le pasaba el aburrimiento! A partir de ese hecho su comportamiento con la comida mejoró un poquito, lo suficiente para que sus padres aprovecharan esa anécdota para reforzar a la niña a comer por sí misma y a fomentar en ella el gusto por la comida.

Seguramente tú también fuiste educado para tolerar el aburrimiento de vez en cuando sin sufrir por ello, así que aprovecha esa capacidad a tu favor y no en tu contra!

Un abrazo y mucho ánimo

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