Papá, dejame colorear mis sueños

El estrecho vínculo que une a una mamá con su bebé, materializado en el cordón umbilical, continúa durante mucho tiempo después de haberse roto después del parto. Ese cordón umbilical simbólico, en ocasiones le es más difícil de romper a la madre que al hijo, de hecho, cada pasito en esa ruptura genera ansiedad en la mayoría de madres.

Es importante ser consciente de este hecho porque se reflejará en muchas ocasiones cotidianas y en muchos casos se convertirá en nocivo. Partiendo del hecho de que, antes o después, debemos ser lo suficientemente generosos para romper ese cordón y dejar volar a nuestros hijos, veamos un ejemplo de cómo ese nexo, mal entendido, puede afectar negativamente a nuestra relación con ellos.

La Universidad de Missouri-Columbia ha realizado un estudio sobre cómo el control de la madre en el juego de los hijos provoca en ellos un recelo, que aumenta si además no se hace desde el cariño, sino desde la autoridad.

El juego para los niños, como dice el psicólogo francés Henri Wallon, es algo muy serio. Cuando una mamá interviene para decidir a qué jugar, cómo jugar y a qué ritmo jugar, el niño lo recibe como una invasión y esto provoca en él un cúmulo de emociones negativas hacia la madre.

Aunque una mamá crea que es bueno avisar a su hijo de que debe meter al caballo por la puerta y no por la ventana de su granja de juguete, lo que se desprende del estudio de la Universidad de Missouri, es que el niño lo recibe como una censura y un control en su creatividad. Esto provoca que no le guste estar con su madre y le lleva a alejarse de ella. Y en cualquier caso no contribuirá en positivo para su futura autoestima.

Los científicos recomiendan que las madres muestren el mayor afecto posible hacia los hijos y apoyen sus juegos, limitando cuidadosamente sus intervenciones. Si el aviso se hace con cariño, el niño percibirá que su mamá se preocupa por él y lo aceptará mejor que si siente que lo que se está ejerciendo es control sobre su juego.  Se trata de que el desarrollo de nuestros hijos y el vínculo que nos une vaya por el buen camino. Así que atentos sí, por su seguridad, pero desde el amor y el respeto. Ellos lo detectarán.

Os deseo unas felices vacaciones!

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